Todas chillando.
Mientras el conservadurismo cultural promueve el miedo a todo lo que escapa de la norma, la música de Florence Welch celebra exceso, el desorden y la exploración de lo prohibido.
El regreso de Florence + the Machine se ha consumado con el anuncio de su nuevo álbum “Everybody Scream”, que se publicará al completo en la noche de Halloween, o como tradicionalmente se conocía, la noche de Samhain.
La fecha del 31 de octubre no es casual, Samhain en el calendario celta y pagano, celebraba el fin de la cosecha y el inicio del invierno. La mitad oscura del año, puesto que se encuentra entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Esta noche se asociaba con un portal donde el mundo de los vivos y el de los muertos se conectaba, como parte del ciclo de todas las cosas. Es por esta creencia en una especie de velo que se torna mucho más fino durante una noche, que los cristianos bautizaron esta fecha posteriormente como “All Hallows’ Eve” (Noche de Todos los Santos) y que popularmente se estableció como Halloween. Una celebración donde el “mumming” y el “guising”, eran las tradiciones que permitían disfrazarse e imitar a espíritus malignos para ahuyentarlos, pintándose la cara con la ceniza de las hogueras como medio de protección. Con los años estas costumbres sirvieron de justificación para generar desorden una vez al año dentro de las normas sociales convencionales, y hoy pervive a raíz de las migraciones de británicos, escoceses e irlandeses a Estados Unidos.
La canción que da título al álbum nace de un proceso colaborativo especialmente revelador. Mitski, Aaron Dessner (The National) y Mark Bowen (IDLES) se suman a una producción capitaneada por James Ford, aportando texturas y puntos de vista que amplifican la identidad de Florence, a la vez que suman matices a la tensión entre su crudeza y lirismo. La misma Welch confesó que la pieza no encontró su forma definitiva hasta que Mitski sugirió la incorporación de un coro: un detalle que convierte la repetición obsesiva del estribillo en una invocación colectiva, un grito compartido.
En lo musical, “Everybody Scream” se apoya en percusiones densas, respiraciones profundas y rituales, que alcanzan su cima por medio de capas de voces que evocan un aquelarre, un trance, ya identitario del estilo de la artista. Es un tema articulado para desgarrar y sanar al mismo tiempo en nombre de una presencia, espíritu o deidad femenina.
El videoclip entra en escena para redondear el universo folk horror de este primer adelanto. La imaginería clásica del pánico satánico dialoga con la estética delicada y barroca de De Wilde.
Vestida de rojo intenso, vagando por espacios liminales, Florence Welch se entrega a una estética que podría considerarse abiertamente blasfema: se apropia de símbolos religiosos y los subvierte, construyendo un imaginario donde ella representa una fuerza emancipadora que hace convulsionar a aquellos que la observan con hostilidad y prejuicio. La canción y el videoclip reimaginan lo prohibido como celebración de la libertad, la creatividad y la rebeldía. La blasfemia es una herramienta para cuestionar normas, cuerpos y estructuras de poder más aún si se hace a través de la música y el arte.
Este espíritu se vuelve aún más relevante si se compara con el resurgimiento cultural conservador y tradicional, que defiende roles estrictamente definidos y se sustenta sobre ideas opresivas en torno a la religión, la familia y la moral. En este contexto, la propuesta de Florence es radicalmente contracultural: mientras ciertos sectores buscan reafirmar un orden social rígido y anticuado, ella celebra la transgresión, la corporalidad sin culpa y la exploración de lo prohibido como forma de conocimiento y liberación.
El videoclip refuerza esta tensión. Existen conceptos parejos en a lo largo de la narración que representan la lucha entre la libertad y la opresión. Cuando vemos a Florence escupiendo flores a un hombre puede leerse como metáfora de la creatividad y la libertad enfrentándose a la vigilancia y los intentos de control moral. Las flores violetas se interpretan como símbolo de una creatividad imposible de contener, asociadas especialmente a la sabiduría espiritual y el amor eterno. Escupir una flor a un perseguidor puede leerse como un acto de creación blasfema: un gesto luciferino que convierte lo “sucio” o “inapropiado” en algo bello.
Los rituales, la convulsión, la exageración teatral, cuestiona la solemnidad y la austeridad de lo que tradicionalmente se considera “lo correcto”. El video es una respuesta artística a la presión sobre la conformidad que emerge en la sociedad contemporánea.
Mientras el conservadurismo cultural promueve el miedo a todo lo que escapa de la norma, promociona la disciplina y la censura, la música de Florence celebra exceso, el desorden y la exploración de lo prohibido. Justo lo que hacía el Samhain… Un recordatorio de que la música puede seguir siendo territorio de subversión, de confrontación con las jerarquías.





